Los bosques tropicales pasaron de capturar carbono a emitirlo

La deforestación y la degradación que estos ecosistemas están sufriendo en Latinoamérica, Asia y África han hecho que liberen la misma cantidad que todo el tráfico de Estados Unidos.

La idea de bosque casi siempre está asociada con captura de carbono. Sin embargo, ha sido tal la destrucción y deforestación de algunos bosques en el mundo que estos pasaron de retener carbono a emitirlo. Por lo menos, esto es lo que está sucediendo con los bosques tropicales de Suramérica, África y Asia, según un estudio publicado recientemente en Science.

Para llegar a esta conclusión investigadores de la Universidad de Boston y del Centro de Investigación de Woods Hole, ambos en Estados Unidos, realizaron un minucioso examen sobre todos los datos que pudieron encontrar sobre los bosques tropicales en estas tres regiones. Así notaron que estos ecosistemas que antes eran claves para absorber los gases efecto invernadero del mundo ahora están emitiendo alrededor de 425 teragramos de carbono anuales: una cantidad mayor a todo lo que emite el tráfico de Estados Unidos.

La nueva cifra que dan estos científicos, y que no había mencionado ningún estudio anterior, tiene que ver con que ellos también involucraron el impacto de la perturbación y la degradación de los bosques – no sólo de la deforestación – para conocer qué tanto carbono se estaba emitiendo.

Aspectos como el adelgazamiento del tronco de los árboles o la perturbación del dosel, que a su vez afecta a la biodiversidad protegida bajo este, juegan un rol importante en cuanto a las emisiones.

Por esto, para colectar datos más precisos, los científicos combinaron los datos satelitales de 12 años. Mientras Latinoamérica aporta cerca del 60% de las emisiones, en África la cifra es de 24% y en Asia del 16%, concluyeron.

“Antes de este estudio sabíamos que la degradación de los bosques era un problema, pero nunca supimos dónde y cuánto”, aclaró Wayne Walker, uno de los autores de la investigación, a el periódico The Guardian.

No sobra decir que estas cifras, además de ser datos científicos, son una señal de alerta, sobre todo para los gobiernos y los tomadores de decisiones.

“Cuando miro estos números y los mapas de donde los cambios están ocurriendo quedo sorprendido. Mi hijo (de dos años) tal vez nunca vea mucho de estos bosques, porque a esta tasa no estarán ahí”, comentó Alsandro Baccini, líder del estudio a The Guardian.

 

 

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